No habría vuelta atrás,
quizás la decisión más transcendente de su vida; por un segundo dejó caer su
cabeza hacia atrás, hizo el sofá suyo y cerró los ojos. ¿Cómo una pastilla tan
pequeña podía significar tanto? ¿Cómo su azul químico podía hipnotizarte hasta
la duda? Su poder sobre él era admirable, pero el temor es lo que tiene, que
nos puede.
TX-235, ese era su
nombre farmacéutico. Una droga de experimento, capaz de borrar los recuerdos.
Una nueva posibilidad de borrar los errores, el dolor, las tragedias y las
alegrías que jodieron el Karma. Nadie
advirtió que no se mezclase con alcohol, pero juró que su sabor insípido estaba
destinado a colarse entre los hielos de un vaso de whisky.
Sin avisar, como si la
vida se acabase en los siguientes minutos, acabó con el vaso, con sus
recuerdos, con ella….
…la cabeza le estaba
matando, el sudor frio le impedía moverse de la cama, los flashes de vidas
ajenas aparecían en cualquier pared, le intimidaban, los flashes de vidas
ajenas no cesaban, los flashes de vidas ajenas en blanco y negro, los flashes
de una vida que le sonaba cercana hacían la noche suya entre espasmo y espasmo.
Quizás nadie habló de efectos secundarios, pero no se perderían esta fiesta.
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Una brisa estival
ondeaba las cortinas a su antojo, mientras de fondo la televisión murmuraba,
pasando desapercibida como cada vez que coincidía tu cuerpo y el mío en la
misma sala, ahora dormidos.
Y no se si fue por ese
murmuro o porque no podía perderme tu cuerpo desnudo enrevesado entre las
sabanas, tu torso al aire, desperté. Justo en el instante donde una gota
recorrió tu cuerpo muriendo dentro de tu ombligo. Recuerdas como mi dedo índice
la quiso imitar y posarse sobre tu ombligo, recuerdas tu sonrisa al despertar?
Y alcé la vista, justo
cuando el Sol decidió entrar a visitarme, cegándome por un momento, algo fugaz
pero lo suficiente como para que esa droga hiciera su efecto. Y como si de un
truco de ilusionista fuera, desapareciste. La cama doble, solo era el recuerdo
de la misma, ahora solo se trataba de un sofá cama bastante viejo, y la foto de
nuestros pies sobresaliendo por debajo de las sabanas, ya no era la mejor broma
que nos hicimos, ya no era…
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Despertó por fin el
viento al que el otoño nos tenía acostumbrado, a los días grises que no perdían
su magia, los días de playa, de tu falda larga, muy gitana. De esas que solo
saben volar.
Y tu otra vez pedías
ayuda desde el suelo, porque no podías luchar contra un viento juguetón que te
prefería tumbada. Y yo otra vez poniendo la misma mano inocente, blanda sin
fuerza como para aguantar tus tirones. Y sabes cómo odio el roce de la arena,
mis tejanos y mi piel, pero ahí estábamos los dos recogiendo arena cada tres
vueltas de campana, escasos besos en momentos puntuales, que cesaron cuando
aquél perro se encariño de nuestros juegos y lamio tu mejilla. Las risas
cesaron en el momento que me dejaste en el suelo, con ese perro besucón, y me
invitaste a mirar tu contoneo mientras te alejabas consciente de que eras dueña
de mi mirada.
Pensé que te detendrías,
pero a pesar de mis gritos, tu sombra se esfumo en un golpe de viento y arena,
incluso el perro ya no existía y el brazo con el que lo acariciaba cayó abatido
al suelo. Y finalmente la playa se borró.
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Las luces me despertaron
de esa media hipnosis que tuve o quizás fue tu pisotón seguido de un perdón
entre risas…
Bonita noche para
visitar la feria, no una de las abandonadas que mi mente escondía comenté…
La noche donde dejé ver
toda mi esencia, intentando ganar cualquier peluche de tamaño considerable, y
regalándote aquél perro trasquilado, que hubiera querido cualquier muñeco de
vagabundo. Como reía la señorita, no sé si por el cariño que le acabo cogiendo
al peluche más feo de la historia, o por los 40 euros que me deje tirando con
una escopeta que funcionaba bien, pero para mí que lo falló todo adrede, y entré
aquél feriante y su exagerada humillación te regale el peluche más
sobrevalorado del mundo de los feriantes y su cante. Tu beso en la mejilla, y
tu caricia, me consoló de tu media hora de broma….broma que ya no entiendo,
porque no queda nada para entender.
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Fueron desapareciendo
esa misma noche todos los libros a medias, el vaso de dos cepillos de dientes
pasó al vaso de un cepillo, los escasos viajes sexuales y turísticos se
borraron de todos los marcos de la casa…
Todavía queda aquello
que sueles usar de pijama, sin olor, sin saber que fue tuyo…
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Y aquí te vuelvo a
encontrar, sin saber que eres tú, tú sin recordar que sonrío más que río, aunque no lo sepa hacer. Y así estamos aquí y
ahora sin pensar que elegimos borrar por dolor, que bebemos para ahogar
nuestras penas. Más bien pensando cuanto daríamos
por poder vivir el primer libro, canción o retwit, los lugares y las situaciones con la
emoción de una primera vez…
Recuerda aquél tren que
cogimos muy bien sin saber donde bajarnos…
¿Recuerdas aquella rosa naranja que te regale un Sant Jordi? Alguien la borraría pero después de verla, sé que me besaste…para acabar con un gran Lunes al Sol.
Que solo queda por saber lo que nadie se atrevió a preguntar...¿Lo vivirías todo de
nuevo conmigo por primera vez?
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