Soy escritor, carta de presentación. ¿Y qué? Esperas gloria únicamente por eso, ¿cuál es tu legado?¿Qué has dejado aquí que merezca la pena? Mi más sincera "Nada", con eso me basta, sin provocar, pasando desapercibido, pero no es el gran plan, la desmotivación, la falta de hambre, funcionará durante un rato, y luego, ¿qué? Luego el silencio que nos representa, luego se hace ahora volviendo a nuestra madriguera, a soñar todo lo que nos falta. Dejar de escribir, la muerte de mis palabras, la pérdida de una estrella...la búsqueda de el corazón.
Y de nuevo cae la noche, y mi cuerpo cae sobre la cama que se queja, no tanto de mi peso, más bien de mi dejadez, de mi falta de voluntad. Nos despedimos de otro jueves cobarde, uno de esos días donde no fue, pero confesamos, mejor dicho nos convencemos con la almohada de testigo que mañana será el gran día, que de ese día no pasa. Pero no nos alcanza con dichas palabras, necesitamos visualizar mil situaciones, contarle al mundo, que duerme y te contesta con un "déjame en paz", como triunfarás, le detallamos cada segundo, porque desde nuestra guarida sabemos inventar, somos creadores de humo y eso nadie nos lo podrá quitar.
Cerramos los ojos, y empieza el recital, fijaos que nadie soñará como empieza el partido, saltamos a la gloria, a los segundos finales, a esa remontada imposible, somos Dioses y lo demostramos poniendo el marcador a diez segundos del final, disfrazándonos de delincuentes robamos en la última posesión, driblamos hasta a nuestros propios miedos, con pasos que ni existen que les pondrán todos vuestros nombres, nos encontraremos mano a mano contra un portero y marcaremos el mejor gol de la historia, sin despeinarnos, nos marcarán tres hombres y aún así el triple imposible entrará sobre la bocina como hicieron los grandes, y entre aplausos y euforia nos dormiremos arropados por una magia que no existe, las sonrisas se borran cuando nos damos cuenta de que sólo sabemos soñar, por eso los sueños no se cumplen. Porque soy el rey de los cobardes, y cuando encuentro mis sueños pasando por delante de mi, sólo pienso en volver a mi madriguera, a mi escondite y volver a soñar.
Puestos a confesar, no temo mis fallos, no temo los reproches, siéntete responsable de si soy de tu agrado o no, me basta con gustarme, con ser yo y que sepáis quien soy (vida pública). Sin embargo odiamos todo lo que nos haga o provoque que demostremos nuestra vulnerabilidad, nuestro ser más sensible, odiar cuando nuestra rodilla izquierda se empeña en tocar el suelo, cuando la toalla blanca roza la lona (vida privada).
La realidad nace de mi, de mi conformidad, de ese afán por no arriesgar y contentarse con lo que viene (vida secreta).
¿Lanzarías el penalti decisivo? Quizás no nos quede otra, en la novela de Frankestein, podríamos entrever que cuando lo perdemos todo realmente somos libres, libres para actuar para enfrentar cualquier verdad, ya que sólo cuando no nos queda nada, el miedo desaparece. Cobarde, realmente detestable, entiendo pues que cuando no sea nadie, cuando lo haya perdido todo seré capaz de ganar o de enfrentarme a esa tanda de penaltis.Yo fallo todas las veces que no chuto ese balón, fallo todas las veces que no llego al segundo palo, yo fallo cuando vuelvo a mi madriguera y dejo que estos dedos hablen por mi, cuando les permito que simbolicen todo mi valor, toda mi valentía.
Todo se resume en ser escritor y detestarlo, odiar que mis palabras no salgan no nazcan si no es aquí, desde mis huellas. Repugnarme la idea de morir sin un teclado, sin una máquina de escribir o un bolígrafo. En el papel se refugian los niños que no saben crecer, ni luchar.
Así me invitaré a salir a la calle de noche, a buscar el corazón que me faltó durante tantos años, a dibujar objetivos en el aire, a dejar los sueños de lado, y salir una y mil veces, hasta que la Luna se canse de mi, hasta que yo deje de ser yo, y consiga algo mejor que hacer que dejar que mis huesos conozcan el más puro frío de invierno.
Porque todos necesitamos dejar de escribir...
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