Y aquí me encuentro de nuevo, en una habitación cada vez más conocida en la que no me acostumbro a este olor que me sabe a lejía en vaso de tubo sin hielo, mientras el frío es un huésped no muy bien recibido, mientras las gotas caen en el olvido, me descubro por primera vez de nuevo.
Y si vas a caer procura llevarte a la tumba un par de frases buenas y grábalas a uña en el cartón, y no te preocupes por levantarte, más que te acompañen los importantes y se tumben a rezar y a contemplar ese cielo de papel húmedo que huele a tierra y césped mojado.
Que vengan almas manchadas de pecados y tachen el "Descanse en Paz"; que no vivimos para descansar y al morir no querremos empezar, que la autodestrucción siempre fue nuestra mejor cualidad, pese a que no todos supieron conseguirlo ni llegar al clímax de una hermosa resaca, en un día violento de ruidos y estruendos que se clavan en sienes de ojos que no quieren ver las calles pobladas.
Porque deberíamos exiliarnos en jaranas, sin temer a las peleas que se forman alrededor de medianoche, donde los nudillos vuelan torpes y se clavan en dura piedra que se quiebra, abriendo el grifo de sangre. ¿Dolor? Dado el grado de alcohol, y de adrenalina, Dolores no se atreve a asomarse y preguntar si es bien recibida, sabe que no.
Porque deberíamos exiliarnos en alcohol, ese que hace olvidar las lecciones de una vida que no quiere que aprendas más de lo que te quiere ver caer. Los consejos no son más que papel del water, de gente que no se atrevió a abrir puertas donde el ruido se dejaba ver por la mirilla, consejos de espectadores que se calientan bajo una manta y sacan la cabeza de entre las piernas para creerse con derecho a hablar, hagan cola que yo les diré cuando es su turno.
Y es cuando entra en acción esa familia católica que no pisó una iglesia más que para casarse y ducharse en manos de un pedófilo en potencia, programar un buen entierro con ceremonia y sermón de un señor disfrazado que no llegó a conocerte pero dedica las mismas palabras a todos los difuntos porque en definitiva vives para trabajar y vista una hormiga vistas todas. Pero aún así se cree con derecho a abrir la boca, aliento a whisky barato, acércate un momento y el olor nauseabundo de alguna prostituta te sentará en tu asiento; es cuando decidimos no ir a nuestro propio entierro, bajar a los infiernos sin ni siquiera intentarlo arriba, y pronunciar la mejor frase que se inventó: "Deja el vaso, y tráeme la botella..."
Porque en la más sucia de las tabernas del averno tirado en los lavabos te encontraras a Dios, llorando por no haber quemado la Iglesia y la Biblia en cuanto tuvo ocasión, dirá que se lo pensó durante tres días, pero lo dejó para mañana...