Buscaremos una casualidad, una X en un mapa, un punto de partida, una torpeza que acabe con algo derramado sobre blusas delicadas, un chispazo que deje señal, que nos muestre que no estamos soñando. Y luego dejarnos llevar, no seremos más que delfines que arrastrados por la corriente, más que cubos metálicos que ruedan colina abajo sabiendo que el golpe será insalvable, pero nos tiraríamos otra vez.
Pero mirad primero vuestro interior, mirad a ese extraño del espejo e intentad conocerlo, amarlo y odiarlo; buscad ese sendero que os lleve a la verdad de un reflejo, dejad que vuestro pensamiento sobre vosotros mismos sea áspero, suave, frío, real. Descubrid quienes sois y anunciaros al mundo, y no esperéis remover ningún sentimiento en los demás, si vuestro reflejo pálido no os sugiere nada, no habléis de amor si no entendéis de marcas de carmín en espejos, ni de odio si no conocéis el mal augurio de romperlo. No seréis más que un pétalo despidiéndose inesperadamente de una flor, derramando un agua de un jarrón ignorado pese a vaciarse.
Y sin embargo será nuestro afán por llegar a la cima lo que acabe con nosotros, con nuestra ilusión, con nuestras fuerzas. Nos enseñaron que todo lo que sube baja, y las cimas solo son el inicio de las caidas, muy a vuestro pesar dejenme que viva alto pero sin tocar el cielo, que encuentre cobijo en la cueva de una ladera, donde no tenga que precipitarme de nuevo. Saluden al escalar hacia arriba, ya rezaré cuando caigan.
Porque todo es parte de ese plan fallido, de esa misión donde no acertaste el objetivo, ese sicario que solo dispone de un disparo. Porque todo se resume en un disparo, en el sudor previo cuando observas por la mirilla, más grande que nunca, señalado, anunciándose ante ti, ese momento de duda donde el Sol tan caprichoso como siempre te ciega, se burla. Ese apartar tu mirada del rifle mientras tus ojos regalan gotas al suelo, solo para comprobar que todo sigue mal en tu mundo y apretar con unos ojos que no desean abrirse. Porque todo se basa en un disparo, en ese viaje al tejado, ese trato delicado a una arma deseada y odiada, esa bala que acierte o falle, solo vivirá una vez y será la única verdad que hoy se atrevan a contarte, la única definición válida de la aceleración de un corazón. Solo algo que te hace sufrir, que te quema por dentro, algo que te hace dudar, y que te preparas a conciencia, que temes, pero te envalentona; seguridad y miedo. Es capaz de crearlo todo, incluso polos opuestos, durando lo que dura el volar de una bala.
Te ganaras la libertad entendiendo que en los momentos que de verdad importan, lo que realmente consiguen trascender, disponemos de un solo disparo porque el amor nunca creyó en segundas oportunidades.
Al final solo desearemos ver la muerte natural de un árbol y sonreír segundos antes de nuestra autopsia.