La combinación de esa excesiva brisa marina y el agua alcanzando sus dedos, le hicieron estremecerse, romper esa coraza; así el mar consiguió vistar su mundo interior, solo unos segundos, en la brevedad del romper de una ola, la mar lo consiguió ver.
Sonrisas y lagrimas, y esa falta de humanidad le preocupaba, se sentía extraño cínico, alejado de cualquier sentimiento humano, su sonrisa, su bienestar dependían ese día de las lágrimas de otro, pero lo deseaba, un egoísmo romántico se apodero de su áurea, y deseo ver las lagrimas que dibujarían su sonrisa, ver esos nuevos corazones tonteando haciendo sombra a un tercero derrotado.
Fue entonces cuando ese uno por ciento de humanidad se solidarizó, fugazmente, pediría perdón mil y una veces, pero no se retractaría jamás de sus actos. El instinto ese valor esa cualidad humana tan ligada al egoísmo, esa cualidad sinónima de su propio ombligo, era la única razón de verse humano de nuevo, de no verse como el villano de una carambola a tres bandas en billar americano.
Y no se equivoquen se declaraba culpable de todo lo malo que traía consigo ese beso de media noche; pero no busquéis arrepentimiento en sus ojos, porque lo único que podríais vislumbrar en ese nuevo atardecer, era el ansía de dejar atrás los edificios en ese día para volver a verla. Quería soñar con volar tras su aroma, caminar por las maravillas del país de Alicia hasta llegar hasta sus labios, solo quería un pequeño sitio para él a su lado, tal vez detrás de ella un poquito a la izquierda.
Cerramos ventanas que crean corrientes que abren puertas, que cierran puertas, que abren otras ventanas, o insuficientes para cambiar nada; así es el amor como una corriente creada por nuestros propios actos, algo que viene y va, tal vez el amor es ese gran desconocido para todos, tal vez alguien lo inventó un día. La gente se pasa la vida buscando algo que tal vez no exista, que nadie conoce ni ha visto nunca, es entonces cuando los fieles se vuelven escépticos, pierden la fe, y se mueven por deseos inmediatos de placer y bienestar.
Son muchos años viendo ya a este joven, y créanme, el amor no existe, no tiene color ni forma, no tiene aroma, no tiene cuerpo ni alma, y cuando todos los demás se ciegan por los falsos estereotipos creados por la sociedad, por esas falsas imágenes que hacen que el amor fracase una y otra vez; él volvió a inventar la palabra amor, la veía en cada mirada que cruzaba, en cada no beso, y la definió a su gusto, la describía tal como la veía, con tu nombre de nuevo.
martes, 8 de febrero de 2011
lunes, 7 de febrero de 2011
Adiós
Caras que no se quieren olvidar se marchan y el buen tiempo llega a mi ciudad.
Un nuevo viajero llega a este pueblo de viejos conocidos. Todos se reúnen en la plaza para conocer a ese nuevo individuo, ese extraño que desea introducirse en la rutina del ambiente; él se presenta: "Me llamo Impotencia". Y es curioso ver una adaptación tan rápida, casi prematura de un loco en un pueblo de desconfiados.
Apenas ella se despidió que otro individuo llegó para ocupar su lugar, un tipo más frío, más extraño, más sombrío. No lo quiero aquí, quiero que ella vuelva, pero el pueblo lo ha aceptado, cuenta con él como si fuera uno mas. Todos son capaces de llorarla a escondidas, de estar de luto interno, de olvidarse de ella al segundo día, exiliada a ser un recuerdo borroso y vacío, como si de un charco se tratara.
Y yo sigo en el puerto con mi gabardina oscura, mientras me acabo un cigarro que me sabe mal, me sabe a tristeza, fumo y me desespero, mientras apoyado en el pared, veo como el barco se hunde.
El horizonte se nubla, su barco solo es una burbuja mas, y de pronto aparece esa bella mujer llamada Llanto para consolarme, la invité a marcharse con violencia; ya que yo solo quiero a una musa, a una ninfa que no huya entre tímidas sonrisas, que no se cobije en la profundidad del más helado lago.
Caras que no quieren ser olvidadas se marchan, mientras yo seguiré soñando con un día, con una isla desierta.
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Tal vez usaba gabardina y sombrero para ocultar mi rostro, para ocultar mi parte humana que solo enseño en la época de cosecha, mientras mis ojos se empeñan en arruinarme mi cigarro.
-Cuanto sufrimiento esta capacitado a soportar el ser humano?
-Cuantas gabardinas debería de ponerme entonces?
Mis lagrimas no cesan, ella ya vivía su nuevo destino, uno lejos de mi; y yo sigo aquí incapaz de vivir, deseando echar a correr estando inmovilizado en esta oxidada silla de ruedas.
No tengo cobijo ni techo donde resguardarme de esta tormenta que se avecina, me lo avisó el predicador del pueblo, se acerca la noche, el frío y no queda manta ni albergue que pueda salvarte.
Y mientras nadie se apiada de este mendigo, creo que buscaré mis respuestas en la más absoluta y callada noche, donde el silencio de mi ciudad me invita a pensar en ella, en mi no querida Soledad.
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El pomo de casa me negaba nuevamente la entrada, le sonaba viejo, deteriorado, desconocido. Me quité la gabardina, el sombrero, busqué mi cajetilla de tabaco, yacía completamente húmeda e inútil en uno de mis bolsillos, me dirigí a buscar mi mejor coñac, un vaso cuadrado corto, 2 hielos, Guns&Roses sonando de fondo, encuentro medio cigarro tirado, lo enciendo, me apago en el sofá. Lo tengo todo mi música, mi bebida, mi vicio, pero no siento nada, no escucho las notas, no saboreo mis tragos, no inhalo cáncer.
De repente jadeos se escuchan cerca, quien sino mi único compañero, hoy viejo, pero que un día fue el más ágil de todos los caninos, mi perro Enfado, ya es viejo y procuro no cuidarlo, creo que hace tiempo que debió marchar y ahora sufre. Seguro que querría suicidarse en la bañera cortándose las venas escuchando heavymetal, lastima que los perros no puedan encontrárselas, y a mi se me quitaran las ganas de ayudar.
Han sido muchos momentos juntos y te odio por ello y te amo a la vez. De vez en cuando vuelvo a mi parte humana, esa que no estuvo presente en mi pacto con el Diablo y hago todo lo posible por darle fuerzas e importancia, mi debilidad como mortal.
Me voy a la cama esquivando la medicación ya que he bebido, es tentador, pero me acuesto sin hacer mayor caso, volviendo a soñar que al despertar ya se haya ido, ya se haya muerto ese chucho que tantos malos tragos me hizo pagar.
Si ayer le cantaba a la luna, hoy aquí entierro el Sol.
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