martes, 21 de agosto de 2012

Droga Experimental


No habría vuelta atrás, quizás la decisión más transcendente de su vida; por un segundo dejó caer su cabeza hacia atrás, hizo el sofá suyo y cerró los ojos. ¿Cómo una pastilla tan pequeña podía significar tanto? ¿Cómo su azul químico podía hipnotizarte hasta la duda? Su poder sobre él era admirable, pero el temor es lo que tiene, que nos puede.
TX-235, ese era su nombre farmacéutico. Una droga de experimento, capaz de borrar los recuerdos. Una nueva posibilidad de borrar los errores, el dolor, las tragedias y las alegrías que jodieron el Karma. Nadie advirtió que no se mezclase con alcohol, pero juró que su sabor insípido estaba destinado a colarse entre los hielos de un vaso de whisky.
Sin avisar, como si la vida se acabase en los siguientes minutos, acabó con el vaso, con sus recuerdos, con ella….
…la cabeza le estaba matando, el sudor frio le impedía moverse de la cama, los flashes de vidas ajenas aparecían en cualquier pared, le intimidaban, los flashes de vidas ajenas no cesaban, los flashes de vidas ajenas en blanco y negro, los flashes de una vida que le sonaba cercana hacían la noche suya entre espasmo y espasmo. Quizás nadie habló de efectos secundarios, pero no se perderían esta fiesta.
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Una brisa estival ondeaba las cortinas a su antojo, mientras de fondo la televisión murmuraba, pasando desapercibida como cada vez que coincidía tu cuerpo y el mío en la misma sala, ahora dormidos.
Y no se si fue por ese murmuro o porque no podía perderme tu cuerpo desnudo enrevesado entre las sabanas, tu torso al aire, desperté. Justo en el instante donde una gota recorrió tu cuerpo muriendo dentro de tu ombligo. Recuerdas como mi dedo índice la quiso imitar y posarse sobre tu ombligo, recuerdas tu sonrisa al despertar?
Y alcé la vista, justo cuando el Sol decidió entrar a visitarme, cegándome por un momento, algo fugaz pero lo suficiente como para que esa droga hiciera su efecto. Y como si de un truco de ilusionista fuera, desapareciste. La cama doble, solo era el recuerdo de la misma, ahora solo se trataba de un sofá cama bastante viejo, y la foto de nuestros pies sobresaliendo por debajo de las sabanas, ya no era la mejor broma que nos hicimos, ya no era…

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Despertó por fin el viento al que el otoño nos tenía acostumbrado, a los días grises que no perdían su magia, los días de playa, de tu falda larga, muy gitana. De esas que solo saben volar.
Y tu otra vez pedías ayuda desde el suelo, porque no podías luchar contra un viento juguetón que te prefería tumbada. Y yo otra vez poniendo la misma mano inocente, blanda sin fuerza como para aguantar tus tirones. Y sabes cómo odio el roce de la arena, mis tejanos y mi piel, pero ahí estábamos los dos recogiendo arena cada tres vueltas de campana, escasos besos en momentos puntuales, que cesaron cuando aquél perro se encariño de nuestros juegos y lamio tu mejilla. Las risas cesaron en el momento que me dejaste en el suelo, con ese perro besucón, y me invitaste a mirar tu contoneo mientras te alejabas consciente de que eras dueña de mi mirada.
Pensé que te detendrías, pero a pesar de mis gritos, tu sombra se esfumo en un golpe de viento y arena, incluso el perro ya no existía y el brazo con el que lo acariciaba cayó abatido al suelo. Y finalmente la playa se borró.

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Las luces me despertaron de esa media hipnosis que tuve o quizás fue tu pisotón seguido de un perdón entre risas…
Bonita noche para visitar la feria, no una de las abandonadas que mi mente escondía comenté…
La noche donde dejé ver toda mi esencia, intentando ganar cualquier peluche de tamaño considerable, y regalándote aquél perro trasquilado, que hubiera querido cualquier muñeco de vagabundo. Como reía la señorita, no sé si por el cariño que le acabo cogiendo al peluche más feo de la historia, o por los 40 euros que me deje tirando con una escopeta que funcionaba bien, pero para mí que lo falló todo adrede, y entré aquél feriante y su exagerada humillación te regale el peluche más sobrevalorado del mundo de los feriantes y su cante. Tu beso en la mejilla, y tu caricia, me consoló de tu media hora de broma….broma que ya no entiendo, porque no queda nada para entender.

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Fueron desapareciendo esa misma noche todos los libros a medias, el vaso de dos cepillos de dientes pasó al vaso de un cepillo, los escasos viajes sexuales y turísticos se borraron de todos los marcos de la casa…

Todavía queda aquello que sueles usar de pijama, sin olor, sin saber que fue tuyo…

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Y aquí te vuelvo a encontrar, sin saber que eres tú, tú sin recordar que sonrío más que río, aunque no lo sepa hacer. Y así estamos aquí y ahora sin pensar que elegimos borrar por dolor, que bebemos para ahogar nuestras penas. Más bien pensando cuanto daríamos por poder vivir el primer libro, canción o retwit, los lugares y las situaciones con la emoción de una primera vez…

Recuerda aquél tren que cogimos muy bien sin saber donde bajarnos…

¿Recuerdas aquella rosa naranja que te regale un Sant Jordi? Alguien la borraría pero después de verla, sé que me besaste…para acabar con un gran Lunes al Sol.

Que solo queda por saber lo que nadie se atrevió a preguntar...¿Lo vivirías todo de nuevo conmigo por primera vez?