domingo, 24 de abril de 2011

Un "Yo" al que odiar

La noche cae como en otras tantas ocasiones, y las pesadillas siempre al acecho nos acosan, siempre pendientes de cuando entrar a escena, el sudor cae por tu cuerpo aunque no lo sientas aunque estés tan inmerso en ese mundo de sombras en el que tu cuerpo se ha visto prisionero. Y luchar no es una opción, nunca lo fue, solo cabe esperar a despertar, a un nuevo amanecer, deseando, rogando que el Sol este de buen humor.


Y la pesadilla se torna realidad, al ver que tu esencia no reside en la misma habitación que yo, al ver que no existieron gestos el día anterior, y me vuelvo preso de una habitación cerrada y quizás lo único que anhelas es abrir una puerta que me lleve a tu amanecer, una ventana que me sorprenda con tu brisa.


Y empieza el día con el agua helada de un grifo obligado a funcionar, con un reflejo que me hace abrir los ojos y me confiesa que el mundo es demasiado amplio para entenderlo, que corre más que mis pies, pero la única solución es frenar, y pararse a conocer todas esas miradas que se cruzan, esas sonrisas que se esconden, porque quizás ahí fuera hay algo que siempre se escapa, el amor.


Salgo al mundo intentando frenar, pero son mis pies los que tropiezan una y otra vez por culpa de la realidad, de esta vida que no quiere detenerse por mucho que se lo ruegue. 


Entiendes con la Luna de testigo cuando la soledad de tu cuarto se muestra en todo su esplendor que los días no son más que lo que las suelas de las bambas que ese día elegiste calzar se guardan para si mismas, y ese día solo me aguardaba un trozo de pulsera improvisada, muerta antes de poder llegar a significar nada.


Me acostumbre entonces a contar las miradas que me ocultabas, todas esas tímidas sonrisas que apenas se dibujaban, para conseguir dormir.


Te cruzarías en algún vagón de los trenes que acostumbraba a coger, en los pasillos de algún metro donde solía evadirme de la realidad, en cualquier parada de cualquier autobús donde alguno de los dos no llegó a alcanzar el bus anterior o en alguno de mis días donde vivo por inercia.


Sin darte sin darnos cuenta se que el tiempo se detuvo un instante solo para advertirnos que eso no era parte del plan, que no entraba en las cabalas del destino, para dejarnos entrever que algo nos arrastraría a pillarnos los dedos, como siempre no le dimos la mayor importancia. Pero nos persiguió hasta alcanzarnos.


Tuvimos la suerte de vivir la vida que no elegimos disfrutar, pero que llego a nosotros como la lluvia de Abril, con Sol, con Luna pero siempre sin avisar, como esos tiempos de silencio donde las palabras que enamoran cesan, donde los gestos no nacen a mi merced, pero siguen presentes todas esas canciones que no hablan de nosotros y sin embargo hacemos nuestras, las firmamos y conseguimos que nadie las entienda, mientras sonríes y yo sigo sin entender de que van las películas en las sesiones golfas.


Son solo las ganas de complicarnos...


Solo los bailes de nuestras palabras...


Solo dejo de ser solo para acompañarte, para arrastrarnos mientras no nos soltábamos de la mano.


Apareces, cruzando esa calle que se hace eterna, miras a tu alrededor sin entender que es este nuevo mundo visto des de mis ojos, sin lograr comprender que formas parte de mi, aunque siempre anduvimos luchando, separándonos para acabar volviendo cada vez más vivos.


Los ojos se sinceraron, las sonrisas se paralizaron y mi respirar te confesó que los labios más urgentes a menudo no tienen prisa 3 besos después.


Solo me quedó susurrar "Bienvenida a Neverland", mi sonrisa inerte se volvía a dibujar cuando de pronto un "no puedo" la quebró...


Siempre es raro casi doloroso ver una silueta querida marcharse alejarse sin poder hacer nada, sin poder impedirlo...


Nunca fuimos capaces de detener el tiempo de apagar las luces y hacer un mundo para nosotros, pero no lo necesitábamos, quizás por eso antes de que formaras parte del horizonte alcancé tu mano, viraste sobre ti misma, y como siempre ocurre una pregunta fue la que habló de gestos sin mediar palabra.


"¿Por qué sigue brillando el Sol?"

miércoles, 6 de abril de 2011

Cuando los espejos hablan

Una figura era dibujada en el espejo y se me antojaba borrosa, casi desconocida, esa torpe sonrisa burlesca, esos ojos perdidos, y las manchas en mi rostro que solo aparecían en la intimidad, en la soledad de mis momentos de inspiración divina.


Me encantaban los moteles, cuanto más sucios y fúnebres mejor; soy Pedro, como el espejo os muestra soy moreno, alto y lo mejor de mi son esos ojos marrones que todo el mundo posee pero que en mi brillan como en cualquier otro. Soy el típico vendedor simpático de la tienda de la esquina; ese camarero que te hace volver una y otra vez a ese restaurante mediocre. Pero mi confianza y mi simpatía hacia que este simple hombre se convirtiera en ese ejecutivo sin traje, un tipo importante, respetable, que levanta más envidias que faldas. Y dada mi viva inteligencia, estas cualidades no las podía dejar escapar.


Os preguntareis como un tipo con tanto carisma acaba en un motel de mala muerte; preguntad mejor por que le gusta. Pensad, habitación, chico guapo; la incógnita del ejercicio, una mujer.


No os pongáis ahora sentimentales, ni siquiera racionales no busquéis respuestas, no me preguntéis sobre mi familia, mis traumas infantiles. No los tengo, soy un producto que se hizo a si mismo, una reacción química dentro de mi que yo mismo provoque; no culpéis a la sociedad o al extremismo de las televisiones, no hay pastor que me guíe. Pero no olvidéis que somos iguales tu, yo, tu vecino, podría ser cualquiera incluso tu amante, tu panadero, o el chico con el que te cruzas cada mañana y le sonríes. Y lo más peligroso de todo no es que me crea un Dios, sino que podría serlo de verdad.


El agua turbia caía por las tuberías, con ese rojo tinto propio de un cartón de euro veinte, era fascinante como la sangre seca se pegaba como una segunda piel, como un nuevo tatuaje, como su aroma me llenaba, como cuando de pequeño olías gasolina ese repugnante aroma que todo el mundo adoraba. Ver como el agua lo limpiaba todo menos tu alma, me compadezco de los que buscan la redención, pasan la vida buscando el perdón; y yo me pregunto el perdón de quien si solo nosotros podemos decidir sobre nuestros actos, si tenemos el control no queda espacio para los perdones a uno mismo. Solo son culpables todos aquellos que se olvidan de disfrutar, ahí es cuando las personas pasan a ser reos, mueren y nos convertimos en hormigas obreras controladas por una sociedad de caos y de suicidio moral, de esa espiral que absorbe hasta el más fiel seguidor del Señor, y es que su fuerza no es comparable, arrasa con todas aquellas personas sin hacer preguntas, sin importar la fe que tengan o el color de su piel. Pero alguien tendrá que mandar en la Ciudad del Pecado, no creéis?



Sutilmente me deshice de mi traje, la camisa de seda, teñida de rojo, me encantaba, por eso nunca me cabree cuando el salto del tinto quiso llegar a mis ropas; todo destinado a ser pasto de las llamas, especialmente desterrados a esa gran bolsa industrial, negra como el vacío de sus ojos.


La ducha me esperaba, temperatura perfecta, algo caliente que no llega a empañar los cristales, para eso ya inventaron el sexo sin sentimientos. Y era así, sin unos cristales empañados, la única forma con la cual podía visualizarla, hermosa, estirada en la cama. Sus curvas, ese tono rojizo de piel, me erizaba el bello; sin darme cuenta una gran erección trajo el dolor a mi cuerpo, un dolor que no aproveché. 


Salí de la ducha me vestí con algo casual, demasiado informal comparado con mi disfraz de ayer pero encajaba a la perfección con mi personaje.


Tocaba ir a comprar, una sonrisa se dibujaba en mi cara, mientras mi amada de una noche esperaba en la cama a que regresara, tumbada, fría, vacía...muerta.


Y nunca hablaré de su nombre, ya que jamás se lo pregunte, dado que el simple hecho de preguntar o llegar a conocer su nombre le hubiera dado a ella más importancia de la que mereció.