La combinación de esa excesiva brisa marina y el agua alcanzando sus dedos, le hicieron estremecerse, romper esa coraza; así el mar consiguió vistar su mundo interior, solo unos segundos, en la brevedad del romper de una ola, la mar lo consiguió ver.
Sonrisas y lagrimas, y esa falta de humanidad le preocupaba, se sentía extraño cínico, alejado de cualquier sentimiento humano, su sonrisa, su bienestar dependían ese día de las lágrimas de otro, pero lo deseaba, un egoísmo romántico se apodero de su áurea, y deseo ver las lagrimas que dibujarían su sonrisa, ver esos nuevos corazones tonteando haciendo sombra a un tercero derrotado.
Fue entonces cuando ese uno por ciento de humanidad se solidarizó, fugazmente, pediría perdón mil y una veces, pero no se retractaría jamás de sus actos. El instinto ese valor esa cualidad humana tan ligada al egoísmo, esa cualidad sinónima de su propio ombligo, era la única razón de verse humano de nuevo, de no verse como el villano de una carambola a tres bandas en billar americano.
Y no se equivoquen se declaraba culpable de todo lo malo que traía consigo ese beso de media noche; pero no busquéis arrepentimiento en sus ojos, porque lo único que podríais vislumbrar en ese nuevo atardecer, era el ansía de dejar atrás los edificios en ese día para volver a verla. Quería soñar con volar tras su aroma, caminar por las maravillas del país de Alicia hasta llegar hasta sus labios, solo quería un pequeño sitio para él a su lado, tal vez detrás de ella un poquito a la izquierda.
Cerramos ventanas que crean corrientes que abren puertas, que cierran puertas, que abren otras ventanas, o insuficientes para cambiar nada; así es el amor como una corriente creada por nuestros propios actos, algo que viene y va, tal vez el amor es ese gran desconocido para todos, tal vez alguien lo inventó un día. La gente se pasa la vida buscando algo que tal vez no exista, que nadie conoce ni ha visto nunca, es entonces cuando los fieles se vuelven escépticos, pierden la fe, y se mueven por deseos inmediatos de placer y bienestar.
Son muchos años viendo ya a este joven, y créanme, el amor no existe, no tiene color ni forma, no tiene aroma, no tiene cuerpo ni alma, y cuando todos los demás se ciegan por los falsos estereotipos creados por la sociedad, por esas falsas imágenes que hacen que el amor fracase una y otra vez; él volvió a inventar la palabra amor, la veía en cada mirada que cruzaba, en cada no beso, y la definió a su gusto, la describía tal como la veía, con tu nombre de nuevo.
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