viernes, 21 de enero de 2011

Mr. Kamikaze y su flor

Caminaba, parecía no importar el lugar ni la hora, estaba absorto en mi mundo de películas, de situaciones que me encantaría vivir pero que el destino me negaba solicitudes una y otra vez. 

Recuerdas ese vestido rojo, encima de esa silueta que soñaba con disfrutar algún día; hacia meses que no hacía el amor, pero no era eso lo único que buscaba: esa silueta, esos ojos, esa sonrisa, y dudó al pensar en como alguien tan lejano podía despertar tantas sensaciones. Un cristal sonó miré al suelo, un vaso se había caído, guiño de borracho, había roto mi recuerdo cuando incluso podía saborear su aroma. 

Alcé la vista, no podía ser estaba diluviando pero esa chica vestida de corto, se mojaba, tenía frío, se notaba, al cruzar la calle el tiempo se detuvo, la melena voló de un lado a otro y vislumbre esos labios blancos por las bajas temperaturas, como maltratados por el tiempo, que necesitaban mi cuidado, otros labios que le entregasen calor, trabajados en un iglú con chimenea. No podía ser era ella, todo lo que había querido en la oscuridad, como un noble acosador que se obsesiona con alguien pero es correspondido, desde el anonimato, mi rosa empapada, deteriorada, no era una rosa ya, solo la esperanza de  crear una sonrisa, me obligaba a mantenerla conmigo, chillé, corrí hacia ella; mis labios no podían esperar un segundo más. Mi corazón palpitaba 5 veces por segundo, nunca había sido un gran atleta pero hoy me sentía fuerte, corría y seguía corriendo sin importarme nada, el mundo no existía solo una meta al fondo del túnel, coger su mano. Mi corazón palpitaba 5 veces por segundo, 4, 3, 2, 1 la imagen de ese vestido rojo se tornaba borrosa, un fuerte sonido apedreaba mis tímpanos, el mundo viró, giró, y no logré coger su mano, mi corazón palpitaba 1 vez al segundo, 0...............................................

Tal vez fue el autobús que me arroyo, fue el golpe contra el suelo, tal vez su vestido no era rojo, tal vez era la sangre con gusto amargo en el asfalto, mi rosa ya no estaba, y si lo estaba ahora no podía llamarse rosa, sus espinas dentro de mí, sus pétalos muy lejos de ti. Recuerdo que una chica que creía que vestía demasiado corto para ese temporal me agarró con fuerza, me abrazó, me besó, bueno tal vez lo hiciera o tal vez era demasiado tarde, tal vez no era ella sino los médicos y eso que creía que eran mariposas en mi estomago era el reanimador de la ambulancia, 1 2 3, no me dio ningún beso, aunque fue el boca a boca más bonito que jamas imagine, aunque no fuese de ella, me levantaron y un papel se desprendió de mi bolsillo, se empapaba, incluso cuando ella lo cogió, la carta, aquella que escribí meses atrás, no se que hacia en mi bolsillo pero ahora estaba en sus manos, me aleje no sabía si al hospital o algo más arriba pero me separaban de ella, si algo podía pensar era que sería el final más bonito para mi, con una sonrisa en la cara y sin el sentir de un dolor, solo me consumiría el amor que no podría consumar.

La sirena de la ambulancia se iba apagando, quedaba atrás en la lejanía como si estuviera en otro auto y la hubiéramos adelantado, un coche fúnebre pensé. Vi mi vida en pocos segundos, mis fracasos, mis éxitos, el amor que nunca había vivido y que jamás lo viviría; era agónico y casi frustrante ver como todo se resumía en en el chirriar de unas bisagras no engrasadas, y el olor a cemento y ladrillos detrás de puertas donde se suponía que debía encontrarte.

La muerte sería mi amor, mi amiga, mi confidente y la compañera en este viaje destino a no se, un lugar sin cobertura pensé. Mi familia distinta por propia decisión, no sabrían que hacer, incinerenme chillé a los acolchados de mi ataúd, no me escuchaban seguían inertes intentando tapar mi voz; sin tiempo para dedicar un último latido a este mundo racano que muy pocas cosas me había dado. Temo tantas cosas, quería renacer, volver a vivir otra vida más azul, nunca tuve suerte ni el valor para cambiarlo, temía a ese sonido y esa línea plana como si de una crónica se tratara, la de una muerte anunciada, fría, solitaria, el único calor que el mundo me dio fue esa bofetada, y los golpes desesperados que me habían dedicado los de urgencias.


Y de pronto la nada................................................................. solo el recuerdo de un kamikaze y una flor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario