Y se fue, con ese caminar característico de la belleza y la compañía cuando te abandonan en tus últimos días, y hay quien dirá que no es cierto pero sigo sin ver tumbas para 2 o 3 personas.
Y los días de Mr.K se convirtieron en Xs en calendario, esos trazos grises y amargos, desayunando cereales con whisky.
Y es que un día sin ella era la vida que no quería, que no le tocaba vivir; exiliado en la soledad de un teclado.
Y todo se resumía en un saco de huesos deambulando por calles conocidas, por miradas a los tejados de aquellos burlescos edificios, añorando la resurrección de Jack "el Destripador", esa película de su infancia; ese deseo de ser una prostituta seducida por una carroza, un conductor borracho, unas monedas de plata y un racimo de uva blanca. Ese saber que en breve seria desgarrado, con camino a la muerte dirán, no señores esto le llevaría a conseguir una verdadera paz. Así quizás la guerra civil que se había producido en su mente cesaría y los ángeles solo se preocuparían de contar las plumas no manchadas de sangre de sus alas.
Y ahí estaba él en otra playa de toallas y conversaciones altas, y no se reconocía, su reflejo distorsionado ya no llevaba su firma.
Y ella era su nueva droga, su única preocupación, su único plan del día.
Pero eran tiempos de crisis y su inspiración no sería menos, le abandonó en los momentos clave incluso su labia le miraba ahora desde el retrovisor, cual perro de mirada vacía.
Iba a hora por palabra, y le obsesionaba la llegada de una nueva sombra que lograra cobijarla, protegerla del frío y de la puta distancia, otro joven Casanova de habla no castellana. No quería que yo aquí pronunciase la palabra fin.
Y se consumía como un liado mal hecho de esos que solo él se dignaba a fumar. Aún a día de hoy no sabemos de donde sacó fuerzas para aguantar, para escribir cada 24 horas, para querer ser ese otro hombre, que lo dejó todo por unas tristes palabras que se repetían en cada romance, en cada balada que odiaba.
Podríamos engañarnos decir que eso era insufrible, una tortura que Zeus había programado mientras maltrataba a su bastardo, Hercules. Pero eso es el amor, no? Olvidad ahora las películas, las series y las canciones donde dicen que todo sale bien, eso no es amor, no. Que sigan describiendo "para siempres" rojos como guirnaldas de navidad. Que sigan cantando " y fueron felices para siempre", que sigan rodando mentiras donde los problemas no existen, donde solo caben sonrisas y sexo.
Ahora abrid los ojos porque si el amor existe es un hijo de puta, si realmente existe, se marca a fuego en tu sien, y duele. No existe su perfección porque nos tocó vivir en la cara oscura y fría del corazón, donde siempre da la sombra, donde se discute, se pelea, se huye y tal vez se reconcilie. Ese es el amor, algo que daña, que vive, que muere y resucita al tercer día. Pero mentiría si no os confesara que todo ese dolor, toda esa lucha llamada "amor" merecía la pena y mucho.
Y así pasaban los días, alimentándose de la comida para gatos que los vagabundos de la jaula querían compartir con él; ahogando su sed con cartones de vino de cuarenta céntimos; calentando su ciego corazón aficionado al jazz como Ray con un bidón de llamas, un bidón desterrado que se apagaba solo a media noche.
Aprendió entonces que la inspiración llegaba a manos de esos vividores, esos ricos con ropas andrajosas, esos borrachos de buena mañana, de esos vagabundos, de sus perros sin pelo y de las etiquetas de los cartones que a su vez usaban como colchón, sabana y manta.
Y fue con una moto sierra de banda sonora como él se ocupó de matar todos esos fantasmas, todas esas sombras que aguardaban su momento al lado de ella.
Quizás tiritando aprendió a sonreír, sonreír para y por ella; a obviar esos nudos marineros que habitaban en su pecho, a contener las lagrimas dentro de piscinas sin cloro, a pintar una "U" en su rostro de dos puntos.
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