viernes, 17 de diciembre de 2010

Auto-no control

...ella sonrió como siempre, él la vió. Le invadía la incertidumbre de cada saludo, pero la besó en sus rojizas mejillas y la invitó a entrar al coche. 
Posiblemente el mejor pasatiempo para ellos era hablar como si fueran expertos sobre el rap, alardear por ello y criticar a los que estaban en contra, y eso hicieron con ella. Charlie se desvinculó de aquella conversación, y expulsando el humo de su cigarro hace tiempo consumido, pensó que era lo más cercano que había estado de tener un cita doble; la realidad le abofeteó, Inés tonteaba con uno de sus amigos, y Maria vivía a medias con otro chico; Charlie sonrió, quizás esa noche podría triunfar con Antonio, nunca se sabía.
Recogimos a Maria, ya eramos los cuatro, y la casa se dividió en dos; en la habitación trasera se encontraban dos chicas hablando sobre los planes de una de ellas, sobre a todo el mundo que tenia que visitar esa noche, con quienes realmente queria estar; en la habitación delantera dos chicos preocupados por donde aparcar, por donde ir a tomar algo, en definitiva salían solos.

Noches perfectas de verano para aquellos jovenes que sabían apreciar lo que era beber tranquilos en cualquier pub sin necesidad de bailar, solo hablando tutelados por cualquier buen grupo desconocido.

-Vodka naranja 2, por favor!! Y dos vodka con fanta de limón.

Tras conversaciones separadas como de costumbre los chicos hacían sus tipicas bromas, y hablaban entre ellos dado su falta de interés por los lios amorosos o no de Maria. La cosa cambió con la segunda copa, Maria como de costumbre desapareció y bajo el asombro de algunos Inés no la acompañó, se quedó, y le preguntó, le preguntó y se interesó. Y a él le gustó; posiblemente era la única chica que se había parado a intentar conocerle, y esa noche lo conseguiría, a medias como siempre le gustaba a él.

Las risas y las preguntas llevaron a una tercera tanda, y esto a ciertos gestos, caricias y sonrisas que se se tornaron miradas entre los dos chicos; ella despareció unos segundos, y Charlie confesaba lo que creia que eran caricias de ella hacía él, su amigo seguro de si mismo negó cualquier interés por parte de ella, y lo justificó como típica acción de ella con los amigos. Cuando los bares ya piensan en hacer caja nosotros nos vamos, al único sitio que aguanta hasta el amanecer.

Sinceramente las palabras de Antonio no tranquiizaron a Charlie, y más cuando de camino ella se cogió de él, hecho no muy significativo ya que los dos amigos lo achacaban al alcohol, pese a que esa noche sus ojos brillaban como nunca, él no se fijó, pero le hubiera encantado.

Desconfiando de las verdaderas intenciones de ella, y el poco aguante que él tendría decidió ignorar cualquier hecho, cualquier gesto, fracasó. Así que atraido por ciertos encantos, esas armas de mujer, esas señales inconscientes que a veces aparecen, él decidió evadir las situaciones, y a ella no le importó, todos sabían el daño que podían hacer, el color dolor sería demasiado intenso para alguien.

Disimulando él se iba a cualquier lado a saludar a cualquier persona a fumar solo en un rincón del sitio, a beber en cualquier barra, ciertamente se acercaba y hacía entradas en escenas varias veces más pensando en su amigo Antonio que se quedaba solo que no en ella. Lo estaba llevando bien muy bien, y el Destino se rió una vez más de él y entró en colera. 

No había vuelta atrás, aún a día de hoy no sabremos lo que le movió a hacerlo, hablaba el alcohol, serían los celos que hacía tiempo que tenía; se aproximó al grupo cogió a Maria, y la puso a bailar con Antonio, situación que duro escasos minutos por la falta de intensidad y emoción que su compañero le solía dar a las cosas; él se despreocupó y se fue hacia ella, ella le miró, y su unieron en un baile, un baile lleno de intenciones, donde las protagonistas eran las caricias y las miradas, donde el vuelo de su falda lo hechizaba, donde los cuerpos se unían casi piel con piel, donde ella le dió la espalda, y le regaló su cuello y sus labios, al girarse hacía él; él los tomo brevemente y el baile siguió.

Los acompañantes miraban incredulos, pero nadie se atrevía a decir nada; la sala se vació para ellos dos, solo existían dos cuerpos, solo sus movimientos, sabían que estaba mal, muy mal, pero para ellos lo malo estaba muy pero que muy bien.

El amanecer llegó y con ello el retorno a casa, el alcohol había hecho mella, y ellos seguían juntos, los otros dos ni se inmutaban y entre bromas y risas ninguno de los dos se separaban, se metieron en la habtación trasera del coche y allí continuaron; diría que él se aprovechó de la situación de esa falda tan apetitosa, de esos labios tan atrayentes, de esa chica tan atractiva, y pese a que las caricias siguieron durante todo el trayecto, algo sucedió; los besos cesaron, ella ya no quería, él no controlaba, y ese frenesi, ese loco instante de pasión se desvaneció.

Ella bajó del coche y se marchó al vuelo de su falda, él la volvió a mirar y el temor se apodero de él....

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