miércoles, 22 de diciembre de 2010

Piel con aroma a manzana

..y el temor se apoderó de él.

Y duró lo que dura un suspiro, lo que dura el sacar el humo de un cigarro, ebrio. Porque ya nada era lo mismo, porque la resaca se adelantó llegando en en otoño y no en primavera.

Y no hablo de esa jaqueca mientras el alcohol se burla, sino de esa fricción donde tu cabeza siempre pierde a manos del corazón, donde lo racional es desterrado, queda en un tercer plano y él, él piensa en los demás, las consecuencias, los actos traen palabras que gente no quiere escuchar, pero esa noche él quería hablar.

Un paquete con 4 cigarros, mas que suficiente para que las 6 se hagan las 7 en el portal, para que Antonio mienta, y diga que no ha pasado nada, su voz se escuchaba de lejos en el mundo de Charlie, demasiado tenía con salir de ese laberinto construido por su conciencia. Y anoche Charlie me lo confesó, me lo contó todo como esa noche hizo con el único que poseía una barra en la que sus penas ahogar. 

Y su ombligo no le preocupaba, ni cualquier otro don juan que por ahí rondara, él se lamentó por la única razón que merecía la pena, por ella. Y sonara casi fantástico, como una ciencia ficción absurda, pero el miedo le invadía con cada segundo que corría, él tenia miedo de perder su amistad, miento de perder la oportunidad de acercarse una nueva vez, rogaba a Dios por otro momento igual, porque ella quisiera vivir en otro mundo con él, los segundos que durara un beso. Y se moría porque su lado masculino salió a flote en ese coche, buscando algo que no debía, invitando a la incomodidad a la fiesta, de provocar el cese de ese momento, el único que le gustaría revivir por los restos.

Antonio como de costumbre no aportaba lo que se requería y la almohada pasó a ser la cómplice de mis actos, mis confesiones se ahogaron en ella, mientras me acariciaba mi pelo, diciendo tranquilo todo estará bien, y nadie más sabia que ella.

Mi cuerpo viró, el sudor caía sin control, la atmósfera estresante le ahogaba, un malestar le invadía, el frío le calaba, y no encontraba la salida de ese infierno helado, se despertó entre temblores, y pensó en ella; nunca había dejado de hacerlo.

Pero lo incertidumbre era grande, demasiadas preguntas para un corazón ignorante, para una mente ciega que no tiene lazarillo, y querría verle? y que decir? El mundo se le venía encima, y nada pudo hacer; ella le vería como un aprovechado y él se estancaría soñando despierto desde aquel gran cumpleaños donde él, donde algo en él se desconectó y empezó a vivir en ese momento, rememorando esos breves instantes que le hicieron soñar.

Ducha, comida, no habló con nadie, y evitó el contacto con la familia, Antonio llamó, la playa le calmaría, la arena se lo tragaría con sus dunas masajeantes, donde nadie le interrumpiría, su pequeño templo donde todo se guardó dentro. Rodenas, Antonio y él, extraña combinación aunque peores cócteles se han visto, el viento les interrumpió su excursión no pasó de los 30 minutos y su nombre apareció, con esa arena que mueve el viento, he imaginando su falda al vuelo, Rodenas la nombró, él descamisado deseaba verla, mientras en su interior el duelo proseguía, pero sus ganas de ella le vencieron y sin pudor él tiro de labia para convencer a su amigo, y allí se presentaron.

No se dio cuenta de su falta casi total de ropa, no escuchó que allí no estaba sola, pero ya no pensaba cegado por verla, subió.
El siguiente acontecimiento no sabría nadie expresarlo, ese cumulo de pensamientos, donde él no le importaba nada porque ella le saludó y le volvió a sonreír, donde ella pensó en ese cuerpo que él le quiso enseñar y en el que nunca se fijó; y donde cierta madre aún puntualiza lo inapropiado de su vestimenta, pero después de ese primer contacto se marchó, y él a la fin se relajó.

La historia empieza a oscurecerse y tornarse opaca, las imágenes latentes en mi retina lagrimean y lo veo borroso, pero las niñas mientras esa tarta se encargaba de perfumar toda la casa con aroma de manzanas, Rodenas bajó a ver el vuelo de las niñas sobre los columpios y sus sonrisas confidentes, esas carcajadas vivas que te llenan. Antonio también bajó a custodiar a las crías, sin embargo Charlie arriba se quedó cuidando de esa tarde, de ese momento mientras vigilaba la tarta, mientras ella estaba en casa.

Tal vez penséis, no se consiguió nada, tal vez lo consiguió todo, para él, todos sus temores habían muerto a manos de la realidad, y eso fue lo mejor que le podría haber pasado.

Era un tipo raro y le encantaba alargar esos besos en su mejilla, hacerlos mas suaves y longevos, y más en las despedidas...

No hay comentarios:

Publicar un comentario